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lunes, 17 de marzo de 2014

No se dibujar.

Te veo ahí quieta, sin hacer nada. Sólo estás. 
Sonries como si fuese algo natural, como si la vida jamás te hubiera arañado, y haces que parezca sencillo.
Llevas auriculares, y ahora tengo la certeza de que escuchas canciones que alguien habría compuesto para alguien como tú. Letras que nacían del eco. Del eco de saberse aislado al mundo.
Llevas unos pantalones negros, y las piernas apoyadas en el asiento de delante, estiradas en un amananecer de noche cerrada. Una pequeña mochila sobre la que tamborilean unas uñas pintadas del mismo bermellón que tus labios. Y el pelirrojo de tus rizos que descansan despeinados a medio camino de un moño.
Me he pasado la parada, y no voy a decir que ha sido sin querer ni un despiste. No se si hay más gente en el metro y no importa ni (me) importa. Pero me parece un descaro que sigan con su vida en el momento en que tu iluminas todo el vagón.
Y cuando te bajes, y ya no te tenga delante habré perdido. Por no hablarte, por no preguntarte si querías ser la mujer de mi vida. Me sentiré perdiendo y perdida. Y yo que en realidad estoy haciendo esto porque no se dibujar, seguiré una parada más para disfrutar de la resaca.
Sandra

miércoles, 23 de octubre de 2013

Qué se yo que yo qué se.

Tienes un qué se yo que yo qué sé.  Que yo ya no me enetero de nada.
Que yo no se de qué me hablas cuando me hablas del color del viento,  ni si alguna vez lo ha tenido, pero el color de tu pelo... podría distinguirlo entre cientos.
Hablas de las maravillas de la seda y el terciopelo, pero ojalá pudieras tocarte como te toco y comprobar lo inútil que resulta el duelo. 
Me hablas de distinguir olores, pero las rosas y los libros viejos se entremezclan, y ya no los diferencio, pero en tu cuello... nadie puede olerlo al menos como yo lo huelo, pero tu cuello...
Tienes un qué se yo que yo qué sé.  Que yo ya no no quiero enterarme de nada.
Sandra

domingo, 21 de julio de 2013

Él, la llama.

No te vayas, no te acerques.
La piel me arde cuando la incertidumbre muere.
Un fuego encarnizado devora mi carne, que no te teme.
El miedo entra en la oscuridad, y desaparece.
No te vayas, no te acerques.
Los sueños que suben que bajan y vienen;
me acercan razones que la razón ni entiende.
Me tocas, me provocas y me enciendes.
No te vayas, no te acerques.
Eres  caricia que en papel de cerilla (me) prende,
una llama que te contagia, y (te) prendes.
Que calme mas tarde; ahora, que todo se queme
No te vayas, no te acerques.
Gritaré hasta que el silencio me llene.
Hasta que tu voz me lleve.
Amor, mi amor, ¡mi amor! no te vayas, no te acerques.
Cierra los ojos, coge aire,
lo hemos hecho, ya todo arde.
                                                                 Sandra



lunes, 15 de julio de 2013

Desvelos de una noche

Puede que mi sueño se quedara en la habitación en la que ahora duermes. Te regalé todas las noches y ahora ya nadie está conmigo cuando se ha ido el sol. La luna no me mira porque un día te descubrí desnuda ante ella. Es lógico, yo también invertiría mis horas en mirarte a través de las rendijas de una persiana para dibujar un poco de mí en tu cuerpo.
No es que me provoques insomnio, es que dormir contigo era más fácil.
Sandra

miércoles, 10 de julio de 2013

Delirios

Despertar sin ti y sintiéndote a mi lado, cuando me has vuelto a causar esa sensación de descontrol absurda y completa que hace que viva de ilusiones hasta que se vuelve sencillo. Y todo ello sin tú saber nada en la más completa ignorancia de alguien que mueve un mundo a patadas, aunque no te culpo. Y yo, como una especie de tortura que me trae sudores, y no fríos,  me revuelvo cuando simplemente con girarme a la nada podría pararlo todo. Pero en un arrebato de masoquismo que se ha quedado a vivir en mi, no quiero pararlo.
Y puede que algún día descubra el por qué, mientras tanto sigo tapándome con las sábanas hasta en verano.
Sandra

lunes, 8 de julio de 2013

La que se enamora soy yo

Me dijeron que para enamorarla tenia que hacerla sonreír.
El problema es que cada vez que sonríe la que se enamora soy yo.
Y no quiero escribir sobre eso, porque cuando empieze hago que todo lo que hay por medio desprezca y acabamos las dos concenadas al infierno. Pero entonces, qué hago si te veo reir y tu alrededor, y mi alredor, pierde color y queda deslumbrado. Me pierdo de la realidad y en realidad no quiero volver a ella porque se está muy bien sin sentir el suelo.
Pero entonces, ¿te estás enamorando?
¿Le dijeron que para enamorarme tenia que hacerme sonreír.?
No hay problema, cada vez que sonríe la que se enamora soy yo.
Sandra

lunes, 1 de julio de 2013

La piel que la desnuda

Se quedaron llorando las paredes cuando ella salió de la ducha. Como cuando la almohada pierde vida cada mañana cada vez que ella se levanta,  no puede retener su calor y poco a poco va volviendose fría. Unas sábanas protectoras con complejo de heroínas cuando son ellas las que necesitan una dosis de su tacto. Unas sábanas celosas de esa camiseta grande, blanca, y que a ella le hace las veces del pijama más sensual que nadie pueda imaginar en su mente. Esa camiseta que sobrevive con el aroma que ha dejado su piel y revive cada noche cuando despúes de consolar a las paredes de una ducha que vuelven a llorar, refugia entre sus brazos la piel que la mantiene viva ante los celos de unas sábanas que una noche más sirven de escudo y una almohada que, afortunada, roza sus labios. 
Aunque ellas lo saben, la verdadera fortuna la tiene ella. No ELLA sino ella. La otra piel que la abraza, la piel que se interpone entre las sabanas y quien roba los besos que eran de la almohada,  la piel que la desnuda.
Sandra

martes, 25 de junio de 2013

Fragilidad en un aliento.

No quiero caer en la fragilidad de las cosas que se vuelven frágiles con el tiempo. Como si los años consumieran poco a poco un infinito que se acerca y que al final no es tan eterno como pensábamos.
Pero hablo de fragilidad como ese aliento que va desgastando un ente que permanece firme desde el principio. Y ese aliento es el que decide todo, cuando al final, cuando todo da vueltas, delegas la verdad a una exhalación porque tu firmeza tampoco es ya tan firme.
La delgada fibra que distingue un aliento en la espalda y un aliento a la espalda. A esa fragilidad me refiero.
Sandra

lunes, 24 de junio de 2013

Me mantendré infromada.

Supongo que empiezo a darme cuenta y ya lo estoy extrañando. Y aunque no lo sepa en el fondo lo estoy visualizando. Es por eso que me ves reír.
Es por eso que me ves reír. Y no quiero imaginarme la felicidad de cuando deje de extrañar. Porque es tan inmensa que da miedo. No quiero solo reír, quiero la felicidad por la que me río.
Supongo que empiezo a darme cuenta y ya lo estoy extrañando. Y no quiero perder la cabeza en una linea recta. Me mantendré informada por si algún día la cordura ya no vuelve. Por si algún día me pierdo en su lujuria y pierdo el norte. Me mantendré informada para saber que el motivo de mi felicidad es lo que antes me hacía solo reír.
                                                                                          Sandra

martes, 7 de mayo de 2013

Algo peor

Me pasé la vida aprendiendo a sentir menos. Cada día sentía menos.
¿Es eso madurar? ¿O es algo peor?
Yo, y todos, estamos obligados a madurar, lo gritan a tu alrededor. Si vas al revés tratarán de hacer fuerza para que vuelvas al camino. Lo importante es que sea tu camino. Madurar es aprender a ignorarlos, acallar los gritos. Pero entonces ya es tarde. Lo tienen todo pensado. Al milímetro. 
Por eso es importante madurar en primera persona, jamás oficialmente.
Madurar es reflexionarse. Matar la parte obligada de nosotros y rescatar algo de infancia. Preguntarse por las noches y responderse por las mañanas. 
Madurar es encontrarse, y saber que te encontraste.
Aceptar la razón. Negarla.
Madurar es un aprendizaje sostenido. Y reflexivo. Nunca se deja de madurar, porque nunca se deja de crecer. Nunca se deja de buscarse.



Sandra

viernes, 3 de mayo de 2013

Por llegar con nitidez

¿Cómo se llaman los recuerdos que no han pasado (todavía)? ¿Todo eso que aun está por llegar y que ves con nitidez?
Bueno, da igual, a mi me encanta invertármelo.
                                                                                                         Sandra

jueves, 2 de mayo de 2013

Siempre aspiró alto.



Tocar el cielo con las manos. Al menos rozarlo con la punta de los dedos.

Como si lo imposible no estuviera tan lejos, como si el infinito se diera de bruces con ella, como si lo tuviera enfrente.
Se siente por donde camina porque hay huellas en el suelo. La tierra recuerda sus pasos porque nunca nadie pisó con tanta fuerza. 
Piel desnuda y pies descalzos.
Ama cada paso que da, cada cicatriz dulce y cada surco en su cuerpo.  Poco a poco avanza y recorre el tacto de su piel, cada curva provocativa, y su aroma embriagador a miel a lluvia y a mar.
Ella sabe donde está el mundo, y ayudada por la gravedad vive con los pies en el suelo y la vista mirando al cielo.
Porque siempre aspiró alto, pero nunca olvidó donde estaba el suelo.


                                                                                                         Sandra

miércoles, 27 de marzo de 2013

Infancia.

Tengo una canción en la memoria que se corta porque la cinta pedía cara B.
Tengo noches de viaje hacia el levante. Una piscina, calor y el mar.
Tengo paseos infinitos por la playa y amaneceres de verano  en una lonja para ver llegar la carga. Aquel silencio familiar y acogedor que extraño tantas veces.
Tengo helados y manchas en la ropa con vida corta. Un ángel que las hacía desaparecer.
Tengo mañanas compartidas entre dos,  y tardes, y noches. Tengo una persona que me recuerda desde Colombia mientras yo la recuerdo desde aquí.
Tengo mesa para cuatro, reserva para cuatro. Pizza familiar. Y cenas calcadas los viernes.
Tengo desayunos especiales,  chocolate en esa cama con historia.

                                                                                                         Sandra

jueves, 21 de marzo de 2013

Fue un placer, cobardía.


Nadie entiende que  es algo diferente pero que no debería serlo, que no debería ser ni más ni menos.  Que puedo querer de otra manera, que puedo querer de mil maneras. Pero querer es querer aquí, ahora y siempre. 
Que lo desconocido solo lo es hasta que lo conoces. Que prejuzgar nunca fue juego limpio. 
Que las mentes cerradas no deberían abrir la boca. 
¿Nadie entiende que hay que dejarlo entrar? 
Pero no a la cobardía,  nunca ella me empujó a nada y eso duele.  No quiero vivir más a su sobra.  Ya no vivo más a su sombra.
                                                                                                         Sandra

jueves, 7 de marzo de 2013

Una insensatez

He soñado tanto con ello, lo he pensado tantas veces que ahora mismo tengo la sensción de que es más real que la propia realidad.
Al principio solo eran pequeños destellos de no cordura. Ahora incluso tienen olor, tengo la sesación de que está ahí, que la puedo tocar. Una insesatez necesaria y tranquilizadora. Como respirar.


                                                                                                                    Sandra

lunes, 25 de febrero de 2013

El silencio de la nieve.

Si hay algo más tranquilizador que el silencio de una noche de nieve, yo no lo conozco. 
Es absolutamente asombroso lo imnotizante que es una noche así. Porque si alguna vez has visto nevar, durante la noche, sabes de lo que te hablo.
Es como si el mundo dejase de respirar. Los perros no ladran, las pisadas no se oyen, los niños que hacían muñecos de nieve están durmiendo. ¿Ha dejado de girar el mundo? Todo se ha parado, menos la nieve, ella sigue cayendo ajena a la tranquilidad que le rodea. Solo, si te adaptas al silencio, si respiras flojito, con él, sin una exalación más alta que la falta de sonido, lo oyes. Puedes oir como cae la nieve sobre la nieve. Suave, casi inperceptible.
                                                                                                         Sandra

martes, 12 de febrero de 2013

Reflejo 2.0


Tienes esa sensación de haber pasado toda tu vida buscando a alguien imprescindible que logre acallar la falta de aire, de música, de brillo, de color, e irónicamente, también la falta de espacio. Viviendo con alguien que se le parecía pero que era humo.
Mero tránsito.
Porque un día te despiertas y sin saber cómo está ahí, mirándote sin pestañear si tu no pestañeas, respirando contigo y conociéndote al mismo tiempo que tu a ella. Es la de siempre, pero es nueva. Coges aire, tu pecho se mueve, su pecho se mueve. Sonríes, y ella, sonrie. 
Es entonces cuando la realidad - más clara que nunca -  te abofetea y por unos segundos tienes la certeza de que no puedes borrar la expresión de felicidad de la cara, que tus ojos, con su brillo, hoy le van a hacer la competencia al sol. La estás conociendo. A esa persona que siempre has querido conocer, la estás conociendo. Está ahí en el espejo. Tú.
                                                                                                                                           Sandra


domingo, 10 de febrero de 2013

En un autobús

Pasas tantas horas en un autobús que al final es imposible no hacer dos cosas.
 La primera pensar a dónde está yendo toda esa gente, qué inquietudes tienen. ¿A caso están siendo felices? Te preguntas si estarán llevando la vida que desean, incluso llega a interesarte qué han desayunado hoy. Como es imposible hacer un repaso de todos los pasajeros te centras en las cuatro personas que tienes alrededor. ¿A quién van a ver? ¿Les estarán esperando en la estación? Cuando llegas te das cuenta que solo va y viene por negocios. Deberías haber reparado antes en el maletín negro que custodia a los pies. Aunque es cierto que a veces ves la mirada inquieta de alguien que esta abajo y que busca una cara en el interior del autobús. La está buscando. Ahí sí, ha tenido suerte, a ella sí que la espera alguien. Deberías haber reparado antes en la sonrisa de su cara y en la mirada perdida en el horizonte a través de la ventana.
La segunda cosa es tu propia vida. Un repaso rápido. ¿La estas aprovechando? Lo bueno, lo malo. Estás orgullosa. Sonríes. Quizá alguien esté pensando si te están esperando en al estación. Imaginas que alguien te espera en la estación. Quizá alguien esté pensando en los negocios de tu viaje. Imaginas el negocio de tu vida. El desayuno que te hubiera gustado tener en lugar de las tostadas del pan que sobró ayer. Deberían haber reparado en la inquietud de tu mirada, en la sonrisas intermitentes. Tú sigues buscando tu camino segura que ellos seguirán con el suyo.
¿Lo sabrán? ¿Se habrán dado cuenta? No, seguro que no.
                                                                                                                                                Sandra


viernes, 8 de febrero de 2013

Faltaba uno

La incertidumbre la animó a hacerlo, tenía que saberlo y comenzó. Sí. No. Sí. No.
Ella lloraba viéndola deshojada en el suelo. No sabía que a la flor le faltaba un pétalo. 

Minetras tanto él la quería desde el prinicpio.
                                                                                                  Sandra.


lunes, 4 de febrero de 2013

Bambalinas

Siempre se mantuvo en un segundo plano. Detrás del escenario, entre bambalinas. Ella se encargaba de subir el telón cuando la escena lo requería, de bajarlo cundo la obra había terminado. No era la protagonista, pero sin ella "todo" no era nada.


Siempre se mantuvo en un segundo palano y mira, hoy brilla como ninguna.

Sandra